sábado, 12 de septiembre de 2009

¡Inocente!

Estimado Julián:

¡¿Pero qué me cuentas?! Estás enfadado y has tenido que denunciar las injusticias que se están cometiendo en este asunto. Nadie puede imponer un castigo tan severo a tu hijo. Se ha conculcado el principio de autoridad familiar por el que todo padre puede educar a sus hijos como crea conveniente.
Te indignaste, seguro, al saber que fue detenido esa misma noche. Más cuando me cuentas que tu hijo no estaba allí, cuando empezó el follón. ¡Qué error! Como dices, tal vez buscaron a algún cabeza de turco que pagara el pato por todos. Y claro, ¿a quién cogieron? Pues al primer tontorrón de dieciséis años que tuvieron a mano.
Vaya trago pasaría. Verse corriendo, al lado de la refriega.
Por culpa de esos hosteleros sinvergüenzas que les venden alcohol barato a los menores, tu hijo, esa noche, cayó en la tentación de la bebida Volvía a casa pero se desvió del camino. A las cuatro de la mañana, con esa cogorza, no estaba en condiciones de volver a su hogar, a tu casa. El lo intentó, desde las once, hora a la que le dijiste que tenía que volver, pero se perdió. Cuando se percató de su despiste, y viendo lo tarde que era ya, empezó a correr. Con ganas. Pero tuvo la mala suerte de que tropezó con un policia municipal que estaba en el suelo, inconsciente. Y lo pateó. Creyó que se trataba de un bulto allí tendido y quiso apartarlo de su camino. De noche y tan oscuro no distinguió nada más que un bulto. Y claro, cuando oyó un gemido, como había poca luz, encendió una cerilla y, sin darse cuenta, la tiró al contenedor. Cuando vio que aquello prendía, y que podía causar algún trastorno al vecindario, optó por ir a dar aviso al cuartel de la Policía. Había mucha gente, muchos jóvenes, seguro que estaban todos allí por causas parecidas. Como tenía que volver a casa y le sabía mal quedarse sin denunciar lo del contenedor, exigió, porque es su derecho, que le atendieran con prontitud. Como todos parecían querer llamar la atención de los agentes, decidió que el también les zarandearía para ver si así le hacían más caso. Pero no, que va, en vez de ser solícitos, se recluyeron dentro del edificio y se encerraron. Y mientras tanto, el contenedor ardiendo. Había que hacerlos salir. Así que empezaron a tirar piedras contra los cristales porque, al ser blindados, seguramente no les oirían. Y cuando por fin, llegan unos policías nacionales y les va tu hijo a contar lo que ha ocurrido, le detienen. ¡Qué vergüenza!
Pero lo peor de todo es ese juez inmisericorde que ha aplicado una durísima sanción a un inocente. Prohibirle salir a partir de las diez de la noche durante los próximos tres meses. Y claro, tú vas a denunciarle. ¡Pero qué vergüenza! ¿Dónde vamos a llegar?
Quedo expectante ante la solución de este caso.

sábado, 5 de septiembre de 2009

La sombra de una duda

Me vais a permitir que en esta ocasión vuelva la vista atrás. Llevo varios días dándole vueltas a este asunto y me apetecía tratar sobre él. Como siempre son las casualidades las que me llevan por un derrotero u otro.
Esta mañana he leído un relato y tras la primera lectura lo he considerado insustancial. Después de la sensacional explicación que me han dado sobre el mismo y tras descubrirme las claves que encierra, he de reconocer que es un cuento muy inteligente. El relato se titula “El Bebé de Desirée” de Kate Chopin publicado el 14 de enero de 1893 en la Revista Vogue, con éxito inmediato. Cuando me autorice su traductora a ponerlo aquí, lo haré.
El caso es que me ha hecho recordar el penúltimo relato que he escrito en este blog: “El anzuelo” http://javierribas.blogspot.com/2009/08/al-cesar-lo-que-es.html
Tras recibir los comentarios, reconozco que quedé un poco decepcionado. Por supuesto no con vosotros, sino conmigo. Tuve la sensación de que no lo había hecho bien. Así que no me queda más remedio que explicar un poco el relato. Porque sólo de esta forma me podréis decir en qué me he equivocado, con qué claves no he acertado.
En mi anterior espacio propio en web http://www.erabradomin.org/javrib/index.html tenía mi taller de trabajo y un espacio para las críticas, expuesto al público . Y reconozco que, de vez en cuando, lo echo de menos. Así que espero que esta vez me ayudéis pues tengo que enviar un relato para la revista de Escritores en Red del mes de septiembre y espero que pueda ser este.
Con “El anzuelo” quise retratar el sentimiento de un pederasta. Pero claro, quería engañar un poco al lector dándole un tratamiento suave, con una voz narradora externa a ambos personajes, sobre todo al principio. De tal forma que quien lo leyera no pensara inicialmente en que el relato no va más allá de la anécdota de una mera relación entre dos internautas. Intenté retratar una belleza real de ella, incluso ensalzándola, para que el lector pensara que la aceptaba plenamente. Un poco más adelante, ya traté de señalar la diferencia de edad indicando que tenía estudios universitarios, luego se trataba de una persona bastante más mayor que la chica. Di la pista de la de la virginidad de ella, incluso como un elemento cautivador para el hombre (tal vez este párrafo pueda llevar a engaño pues me dicen que no queda claro si la virginidad es de ella o de él. Para mí el hombre es célibe y ella virgen, aunque esa diferencia casi no se usa hoy en día, en las conversaciones normales se usa la palabra virginidad para ambos sexos).
Los comentarios recibidos han sido:
“…Felicidades Javier. ¡Qué buena estaba la rubia!Tanto que no servía ni para hablar.Ya me imagino al pollo tatarrtamuuudeeeeando…”

“Hermosa y cruel, real. Devastadora.La Naturaleza, el Destino o simplemente, la Biología, han dado al hombre el don del miedo ante la hembra. Y no hay forma de arrancarselo, eh?.Menos mal que también lo dotó de la Fantasía para vivir desde el fondo del autobús la historia que no supo llevar al escenario…”

“…sino la de que Ella estaba en la parada. Como están ellas siempre. Sólo que ellas buscan siempre el trayecto y nosotros nos conformamos con verlas e imaginarlas. Eso también es cuestión de la vida. Ellas son más reales, no cabe duda…”

“El se lo pierde...no creo q tenga claro lo q quiere realmente si sigue buscando tanto...”
Con estos comentarios, comprenderéis mi desazón. O bien la lectura del texto ha sido “en diagonal” lo que sería una lástima o, lo que es seguro, yo me he equivocado totalmente. Lo que el lector aprecia no tiene nada que ver con lo que yo quería expresar. Así que os pido, si tenéis un ratillo, que me echéis una mano con una crítica que me ayude a ver dónde me he equivocado.
Es que me daría mucha rabie darle la razón a Emilio Porta cuando dijo que con la primera frase era suficiente.
Pd.- Revisando esa entrada he visto una nota de Carmen Silva. Le doy la bienvenida a mi blog y espero seguir leyéndola en su blog. Un beso. Ah, y corroboro sus palabras, las que utiliza parafraseando a Borges: “…en literatura todo está escrito sólo cambia la manera de contarlo…”