sábado, 28 de noviembre de 2009

Deseos

Como no sólo de Atmósferas vive el hombre y otros intereses me llaman, aquí os dejo un relato. Esta vez no es tan breve pero ya sabeis que el hombre propone y la pluma dispone. Y a vosotros, acostumbrados a leer, tampoco hace falta que os lo divida en partes.
Desde que una fotografía nos hizo escribir un relato infantil -podéis ver la foto en el blog de Santiago Solano - me ha dado por hacer alguna cosa de estas. Además, tras leer un buen libro que se titula 8 maneras de escribir en el que sus autores nos cuentan el porqué escriben, decidí imitar a uno de ellos, volviendo a un tema clásico. Ya sabéis cómo funciona la cabeza para escribir: leo, pienso, aplico mi experiencia, redacto sobre lo que me gusta, ...en fin, aquí os dejo esto, para ver si sois capaces de llegar hasta el final. Ah, quien quiera saber algo sobre el frontenis puede pinchar en Wilkipedia frontenis.
Deseos
Sentado en el banco del vestuario se inclinó para abrocharse los cordones de las zapatillas. Ya había sufrido un par de esguinces por seguir la moda de llevarlas sin atar y aprendió la lección después de estar dos meses inactivo debido a las lesiones. Hoy volvía a la competición en la segunda categoría del frontenis de su Comunidad.
Tras anudar la primera y al cambiar de pie, le llamó la atención un brillo que venía de debajo del banco, en la esquina del fondo. Se levantó y acercó hasta allí. Vio un objeto metálico que proyectaba el reflejo de la luz blanquecina del vestuario. Lo cogió. Comprobó con sorpresa que tenía la misma forma de las lámparas maravillosas que tantas veces había leído en los cuentos infantiles. No pudo resistir la tentación. La frotó con la mano.
“¿Será posible que…” no acabó de hacerse la pregunta. De repente se apagó la luz del vestuario y una humareda amarillenta y fosforescente inundó toda la habitación. Quedó petrificado. Inmóvil. Más aún cuando entre la neblina empezó a vislumbrar la sombra de un ser orondo y vestido a lo árabe, que le miraba fijamente. Iba desnudo de cintura para arriba.
Nuestro jugador, Pepín Tamalo, asustado, sólo se le ocurrió preguntar con voz trémula:
- ¿Vas a ducharte?
El fantasma o lo que fuera, le miró con sorna.
- ¿Tan mal huelo? – sin esperar respuesta prosiguió – Soy el genio de la lámpara maravillosa del frontón, me llamo Hironicus, vivo aquí, en este vestuario húmedo y feo y puedo concederte tres deseos.
Pepín, aún no repuesto del susto pero con incontenible curiosidad preguntó:
- ¿Puedo pedir cualquier cosa?
- Sólo si está relacionada con el frontenis. Soy un genio de segunda en prácticas, de momento sólo puedo moverme en este deporte amateur y minoritario y mis atribuciones no llegan a más. Para conceder sobre otros asuntos más importantes como el fútbol o el golf, tendré que pasar unos siglos con pequeños poderes. Eres mi primer caso y voy a tratar de complacerte al máximo. Pero sólo en asuntos relacionados con el frontenis. Pide, pide…
Pepín no dudo ni un momento. Por fin obtendría de forma rápida el deseo más ansiado durante toda su vida deportiva. Casi gritando, ilusionado con la expectativa, le dijo al genio:
- ¡Quiero ser el mejor del Mundo en frontenis!
El inexperto Hirónicus, meditó un momento. No mucho, la verdad, pues tampoco quería dejar una imagen de genio dubitativo en su primer interlocutor, que luego las referencias no serían buenas. Sonrió y dijo:
- ¡Concedido!
En ese instante Pepín sintió como toda la neblina que envolvía el vestuario empezó a concentrarse en torno a él. Perdió la visión de su entorno. Tan solo veía como un marcador de luces llamativas iba cambiando de números en orden descendente. 2009, 2008, 2005,…Al principio los números cambiaban con velocidad, casi no podía distinguirlos. Comprendió que era un indicador de tiempo. A la altura de 1980 la cuenta atrás se hizo más lenta. Esperó. De vez en cuando, rondando el 1940, el número permanecía fijo en el marcador un poco más de tiempo, como si alguien estuviera meditando sobre ese año. Pero siguió su inexorable descenso. Hasta que finalmente, en 1916, se paró.
La niebla desapareció de repente y Pepín se encontró en mitad de un destartalado frontón, de dimensiones reducidas, con una antigua raqueta de madera en las manos y viendo que una pelota de tenis venía hacia él. No le dio tiempo a pensar. Su instinto deportivo le hizo golpearla hacia la pared frontal. Le pegó fuerte. Oyó un oh, que debía venir desde las supuestas gradas, y a continuación una ovación cerrada. Otro jugador, que debía ser su compañero, se abalanzó sobre él, dándole un fuerte abrazo.
- Bien, pendejo, que callado te lo tenías. ¿Estás mareado?
Su interlocutor le sujetó con ambas manos la cara. Pepín estaba blanco como la cera. No podía casi hablar.
-¿Dónde estoy?
- Pepín, soy Fernando Torreblanca, estás en mi frontón, en la calle Guadalajara nº 104, aquí en México.
La cara de alelado de Pepín obligó a D. Fernando a seguir hablándole, como si lo hiciera con un extraño.
- ¿No te acuerdas? Hemos quedado a jugar en mi casa, como tenía las manos hinchadas de tanto pegarle a la pelota esa de cuero, que parece una piedra, decidimos jugar con estas raquetas de tenis, aquí en el frontón. Nos hemos apostado unos pesos y hemos vencido….Esto del frontón con la raqueta es muy divertido. Le podemos llamar tenis-frontón.
Pepín que empezó a asumir la situación, miró a D. Fernando y en tono un poco irónico dejó caer:
- ¿Y porqué no frontenis?
D. Fernando sonrió:
- No está mal, acabamos de jugar el primer partido de frontontenis del Mundo. Y hemos ganado. Somos los campeones. Pasaremos a la historia. Me quedo con el Copyright de la palabreja esta.
No quiso escuchar más. Pepín se alejó cabizbajo hacia lo que podía ser el sitio donde tomar una ducha que le aclarara las ideas. Nada más entrar vio en el fondo de la habitación su lámpara maravillosa. La frotó con rabia.
-¡Hirónicus!, ¿que has hecho?
- Concederte el deseo mi amo.
-¡Pero no era esto, no era así!
- No te entiendo amo, has quedado Campeón del Mundo y pasarás a la historia.
Pepín no quiso discutir más tal vez por no tener que oír explicaciones que no le iban a gustar. Tomo una decisión.
-¿Puedo pedir otro deseo?
-Por supuesto – Hirónicus se sintió aliviado pues necesitaba ir haciendo méritos para alcanzar su grado de Gran Genio.
- ¡Quiero ser famoso y conocido en el mundo del frontenis! – afirmó con rotundidad Pepín.
Hirónicus se tomó esta vez más tiempo para meditar. Tenía la sensación de que su actual amo, Pepín Tamalo, no estaba muy contento con su anterior actuación. Y los informes tenían que ser buenos. El fútbol le esperaba.
-¡Concedido!
De nuevo se vio rodeado de esa neblina densa que hizo desaparecer todo lo que había a su alrededor. Esta vez el marcador, con más lentitud, reflejó sus cifras, pero ahora en orden ascendente…2009,20010,…, Pepín estaba más tranquilo que en el cambio temporal anterior. Ir hacia delante, hacia el futuro, daba tiempo a asentar sus tareas como jugador de frontenis, buena señal.
Tras alcanzar el 2018 el contador de años se detuvo. Pepín ya sabía que debía esperar a que la niebla se disipara. Poco a poco vislumbró su entorno.
¡No puede ser, no puede ser! Distinguió con claridad el diminuto habitáculo en que se encontraba. La luz proveniente de la pequeña ventana protegida por una reja, le hizo comprender que estaba encerrado en una celda carcelaria. Abatido, se apoyó en la pared, y lloró. ¡Esto es una locura! Oyó pasos fuera de la celda
- ¡Oiga, oiga!
- Ya voy, Tamalo, venía a verte. Te traigo el periódico de hoy. ¡Vaya algarabía que has montado!. Ahí fuera está lleno de periodistas y cámaras de televisión esperando alguna noticia sobre ti. La foto de portada no te favorece.
Pepín se quedó pasmado. Allí estaba él, eso sí, más avejentado y desaliñado, vestido con ropa deportiva. Leyó el artículo con verdadera ansia.

Madrid, 28 de Mayo de 2018

Pepín Tamalo, el asesino del frontenis

Ha sido detenido el jugador de frontenis Pepín Tamalo, que en el transcurso de una trifulca mató a un hombre y envió al hospital a varios. El arma homicida, una raqueta, se encuentra en el depósito del juzgado de 1ª instancia de la capital.
Pepín Tamalo, jugador del Club Frontenis La Panda, disputaba ayer Sábado el partido de frontenis decisivo para la permanencia o el descenso de su equipo en tercera categoría, contra el Frontenis Club Madriles. Tras perder el encuentro, Pepín salió del frontón para dirigirse al vestuario. El mismo espectador que durante el partido, y en varias ocasiones, había estado gritándole: “¡Abuelo, que ya estás mayor, retírate!” aprovechó que Tamalo pasaba por su lado para seguir con sus gritos: “Abuela, que ya se veía venir, has arruinado a este club, deja paso a los jóvenes, ya te deberías haber retirado…” A pesar de que Pepín Tamalo hizo caso omiso a las voces, el espectador le siguió increpando. De repente, el jugador giró sobre sí mismo y sin mediar palabra, levantó la raqueta y le dio con ella un fuerte golpe en la cabeza al incitador. Seco, duro, sin contemplaciones. El hombre cayó desplomado. El público, al verlo, se lanzó sobre Pepín quien siguió repartiendo mandobles a diestro y siniestro. El resultado, un muerto y siete heridos.
Preguntados sus compañeros de equipo, todos destacan que a pesar de sus prontos y mal carácter en algún momento, nadie esperaba lo ocurrido. Sí que se ponía un poco bravo al no ser alineado pero llevaba en el club muchos años y no querían hacerle de menos. Este año pensaban retirarle y no, no le habían dicho nada pero era bastante posible que alguien le hubiera avisado. Por eso quiso jugar este último partido. No pudimos decirle que no. Nos equivocamos. Esto ya no tiene vuelta atrás. Ya ve el resultado de todo esto: ¡Hemos descendido!

Tras leer la noticia, Pepín quedó abatido. ¡No era posible! ¿Cómo había llegado hasta allí? Años de dedicación a este deporte para acabar así, perdiendo en las últimas categorías contra el Club Madriles…¡Dios mío, qué locura!
-¡Hirónicus, Hirónicus, canalla, ¿donde estás?!
Pepín vio debajo del catre el reflejo que ya conocía de la lámpara maravillosa. Se abalanzó sobre ella y la frotó con ímpetu. Quería salir de allí cuanto antes. El proceso de aparición de Hirónicus ya lo conocemos.
- Hola mi amo, ¿estás satisfecho conmigo?
El amo pensó que si en ese momento hubiera tenido la raqueta asesina en la mano, le hubieran enviado directo al infierno. Tal vez ese fuera el castigo por matar genios de la lámpara maravillosa.
- ¿Pero que has hecho conmigo?
- Lo que tú me pediste, hacerte famoso. Ahora te conoce todo el mundo del frontenis.
Pepín deseó hacer desparecer a Hirónicus pero entonces se quedaría allí para toda la vida, encerrado. Respiró hondo, meditó un ínstate y dijo:
- Por favor, Hirónicus, quiero olvidarme de triunfos, de medallas, de reconocimientos, sólo quiero disfrutar con esto del frontenis que es a fin de cuentas lo que siempre deseé y…dejar alguna huella, aunque sea pequeñita…
Esta vez el genio no dudó. De inmediato, sorprendiendo a Pepín, gritó con fuerza:
- ¡Concedido!
Tras el mágico proceso de la niebla, de la pérdida de visión de los alrededores, el marcador y todo eso que ya nos es habitual, Pepín se vio de nuevo en su vestuario, en el que se abrochaba las zapatillas. Estaba sólo. Terminó de atarse la segunda, para evitar lesiones, y abrió la puerta del vestuario que daba acceso al frontón, esperando ver a sus compañeros de partido.
Pero le recibió un vocerío de animosos e ilusionados chavales de varias edades
- ¡Venga profe, que hoy llegas tarde! ¿Hoy jugamos partidillos?
Pepín sonrió. Entendió perfectamente lo ocurrido. Con voz atronadora se dirigió a los jóvenes y les dijo:
-¡De partidos nada! Vamos a entrenar en serio. Así que de entrada, dejar las raquetas y a correr. El camino en el frontenis de competición es muy duro. Nos queda mucho camino por andar.
FIN
Si has llegado hasta aquí, gracias. Se admiten comentarios.

22 comentarios:

Alicia dijo...

Javier, tú sabes que en toda experiencia deportiva, cómo la que tu gestionas, o académica, que gestiono yo, a pesar de que es difícil evitar la rivalidad mal entendida, el triunfo realmente es el camino y la mejor medalla las sensaciones de la convivencia.

Eso es lo que debemos transmitir. Que el esfuerzo, la preparación, la constancia, la diversión, pasando por la rivalidad bien entendida es la que te permite triunfar en el camino, aunque a veces no se gane el partido.

Mis felicitaciones por este relato. Ambos somos afortunados de andar entre jovenes. .

Con este relato has transmitido buen mensaje, Javier y buena...literatura.

Un abrazo

Mari Carmen dijo...

“Ten cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad.”

Imaginativo relato, en el que utilizas un personaje salido de “las mil y una noches” para
denunciar la realidad en el deporte de competición.

La importancia del fútbol sobre el resto de los deportes, si no moviera tanto dinero...Es triste, pero he visto a padres en torneos de futbol escolar, deseosos de que sus hijos fueran botas de oro, increpar al arbitro o incluso a sus propios hijos como si les fuera la vida en ello.

La enorme rivalidad y violencia que se ve en la alta competición. ¿ Dónde queda el amor al deporte? ¿De que sirve la fama, la gloria si no disfrutas del camino que te lleva a ella?
Estoy segura que Pepín será mas feliz entrenando a niños, enseñándoles la importancia del compañerismo, del esfuerzo, de la ilusión, de la perseverancia...y el valor que debería ser primordial en el deporte: participar, no ganar.

Un saludo y gracias por el relato y tu elegante ironía.

Anónimo dijo...

Hola Javier: Me ha gustado mucho el relato. Finalmente, Pepín entendió que el triunfo no es que te conozcan en Mexico o en cualquier otro lugar del mundo, sino disfrutar con lo cotidiano. Él era afortunado porque soñando o despierto dedicaba su vida a lo que le gustaba.
Tengo los ojos rojos de tanto leer, jajaja. Pero ha merecido la pena.

Un beso.

Mila

Manuel dijo...

Eso parea que te fíes de los genios de la lámpara maravillosa!... Si es que son todos iguales.

Me lo he pasado genial leyéndote, Javier. Y es que muchas veces te echo tanto de menos...!

Un abrazo.

Anónimo dijo...

jajaja increible, increible, es grande! jaja, enhorabuena y nada más que decir!
Mechas

Anónimo dijo...

P.D: A mí no me ha sonado a mensaje moral sobre el deporte, sino a conformismo sarcástico ante el tipo de deporte que es el frontón.

Lo dicho, genial :)

Mechas

Manuel dijo...

Ah!.. Nooooo!, Mechas... Como entusiasta practicante de un deporte minoritario, no te acepto lo que dices. (Por cierto, ¿qué dices?).

Cierto que Javier no es Kaká... ni cristiano (¿o si eres cristiano, Javier?). Pero estoy mas que seguro de que su entusiasmo por el frontenis nada tiene que ver con el inconformismo.

Tan cierto como se que lo adoras.

Javier dijo...

Gracias Alicia, al igual que a tí, esa cercanía, que no mezcla, con la juventud, me aporta un aire fresco. Quien les aporta a ellos un aire más antiguo o más moralizador soyu yo, pero creo que es lo que me toca. Esfuerzo, trabajo, constancia, diversión. Todo esto hace que el triunfo llegue. El triunfo por disfrutar de la vida.
Un beso

Javier dijo...

Hola Mari Carmen,el problema del deporte, incluso del de alta competición, no es el deportista sino todo lo que le rodea. Ahí está el peligro. Y a nadie le recomendaría un mal ataque de fama incontrolada. ¡Cuántos han de jado de ser personas tras pasar por una situación así! Los que soportamos bien esa presión somos pocos!. Je.

Javier dijo...

Mila, la culpa de que me atreviera a poner algo más largo la tienes tú. Te oí comentarlo el otro día en la cena y me atreví. Como buen comercial tengo oídos en todas partes. Así que no te quejes. Poder dedicarle tiempo, y sueños, a una afición, es lo más maravilloso que existe. Aquí me ves redactando cuentos infantiles. ¡Y disfrutando!
Un beso.

Javier dijo...

Manuel, otro de los culpables. Te lo pasas pipa haciendo relatos de caballeros y dragones y yo he querido probar. El prblema es que me ha gustado. Tendremos qeu hacer una colección de relatos clásicos o juveniles o para mayores con imaginación o alguna cosa de esas. Os lo apunto para la próxima reunión.

Javier dijo...

Hola Mechas, podemos discutir sobre a qué suena el relato. Pero como siempre, lo mejor es dejar que el lector haga su interpretacion. Si, deporte minoritario, deseo, ambición, ironía, es una mezcla de todo, un batiburrillo mental qeu tengo alque intento darle salida de alguna manera. Pero esto, por favor, no lo cuentes.
Ah, si Manuel dice que no, puede ser, ponte a pensar, que el lo hace muy bien.
Un besazo gordo.

Javier dijo...

Ahí Manuel, ahí, que no se crean estos jovencillos que tienen la razón absoluta. Te has dado cuenta que lo de la Cristianidad me va. Soy uno y trino.
Un abrazo y dale fuerte a Mechas, a ver cómo responde.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola Manuel! Me intento explicar: Pepín es jugador de un deporte minoritario, su primer deseo es ser el mejor (refiriendose a una calidad profesional) y el genio lo que hace es convertirle en el mejor de los inicios del deporte, es decir, que no era bueno por su calidad profesional, sino por ser el primer jugador. El segundo deseo fue ser famoso, y Pepín lo consigue, pero no por el deporte, sino por un episodio de locura transitoria. Interpreté todo esto como que, lo mires por donde lo mires, el frontón está abocado a seguir siendo un deporte que no proporcionará ni prestigio ni dinero, y la postura última del personaje es conformarse con la situación, aceptarla, darse cuenta de que lo único a lo que puede aspirar es a disfrutar del deporte, pero creo que tiene un tono sarcástico porque esta aceptación no es moral y sincera, no es lo que quería desde el principio, es "lo que le queda". En fin... lo volveré a leer después de todo, por si acaso, o quizás antes me expresé mal! 1beso, y qué bien sienta a veces la polémica

Mechas

Emilio dijo...

El relato es tan divertido, acoge tanta sabiduría y sentido del humor, tiene tantas lecturas...que realmente creo que nos ha dejado a todos un maravilloso sabor de boca. Utilizar algo que tan bien conoces, el frontenis, como vehiculo de una reflexión de gran magnitud, aprovechando además elementos mágicos y referencias al cuento de Aladino, con un genio-genial, Hironicus ( ya su nombre lo dice todo) y, además, proveyéndonos de conocimiento...en fin, no sólo es un relato delicioso y magníficamente escrito, es que, además, nos alegra la vida y nos aporta cosas. Vamos, que una afición se convierte en emoción y en vocación. Yo creo que el verdadero deporte y la cultura tienen mucho en común...( bueno, algunos políticos también lo piensan, ya que, a veces, el Ministerio correpondiente engloba ambas carteras)...en fin, no me quiero enrollar más. Que es muy bueno, Javier, muy bueno.
Un abrazo.

Manuel dijo...

Uffff... ¡Vaya compromiso!.

(Por alusiones, y perdona Javier que ocupe tu espacio)

Mechas:

El relato de Javier me recordó mucho un cuento de Poe: "La zarpa de mono". En ese cuento viene a pasar más a menos lo mismo que en este relato.

O sea, eso de los tres deseos tiene muy mala idea porque, o matizas muy bien lo que pides, o los Genios de la lámpara maravillosa te la dan con queso. (Cosas de los genios).

Creo que estoy de acuerdo contigo en una cosa: Pepin es un pobre deprimido que necesita el triunfo y el reconocimiento. Esos ingredientes no son buenos compañeros, creo yo. Porque si él fuese bueno de verdad en su deporte, no necesitaría de esas cosas.

Lo que pasa es que la pasión por... (cualquier cosa) ¡es tan bonita!. Yo me apasioné por el Rugby, lo practiqué desde los 17 hasta los 30. Gocé mucho jugando. Lo hice mal y bien en ocasiones.

Muchos años después, una noche de guardia en el Hospital Genral de Albacete, un Residente me abordó con esta conversación:

- "Nos ha contado el Internista que eras muy bueno jugando al Rugby, que podrías haber sido profesional".

Yo miré a aquel chico, de unos 25 años y, lleno de orgullo (lo confieso) le conté:

- Fulano.... (internista) si que podría haberlo sido. Era fuerte como un toro. Y ¿sabes?, cuanto más borracho estaba, mejor jugaba.

Es la pasión por algunas cosas, Mechas.

Un beso.

Anónimo dijo...

Qué respuesta mas bonita, manuel :)

Mechas

Alejandro dijo...

Querido Javier, tu relato muestra de forma muy especial lo que vemos con mucha frecuencia, con tanta, que no lo damos ninguna importancia. No sólo en el deporte, en el arte y en muchos aspectos de la vida. La fama no se consigue por nada, hay que merecerla. Y una forma de ganarla es aprediendo a perder, algo de lo que se olvidan muchas veces algunos preparadores y mecenas, los que sólo quieren ganar a cualquier precio,porque en el precio está el negocio del dinero. Y eso no es ni deporte, ni arte, ni nada que se le parezca; es eso, negocio.

Un abrazo.

Alex

Javier dijo...

Estimado Emilio, gracias por tus palabras. En efecto, he hecho una mezcolanza entre esta afición que tengo por escribir, por vivir y por el frontenis y es al resultado que llego. Me lo paso pipa. Me gustarái que eso se notara cuando escribo. Un abrazo y gracias por tu constancia.

Javier dijo...

Mechas, Manuel es duro de roer, pero no te vengas abajo. Que no te engatuse con sus letras. Si le aprietas es capaz de dar mucho más. Ya lo irás averiguando.

Un besote gordo.

Javier dijo...

Hola Alejandro, bienvenido al grupo que he montado con Alicia para reivindicar el esfurzo, el trabajo y el merecimiento. ¿Porqué si todos estamos de acuerdo con esto, el asunto no funciona? ¿O es que nos movemos en un grupo muy cerrado y estamos ausentes de la realidad? Me refiero al reconocimiento de la valía.
Algo habrá que hacer.

Un abrazo

Alejandro dijo...

Claro Javier, claro que hay que hacer esfuerzos para llegar al "reconocimiento de la valía", como tú dices. Pero ¿cuál es el problema?. En mi opinión, en este mundo egoista y cicatero, todos queremos valer. Alguien que intenta sobresalir -¡y mira que hay deseosos de fama y protagonismo!- mal reconocerá la valia ajena, porque de esa manera teme que él va a dejar de brillar. Necios que somos. Si alguna vez hace como que reconoce al colega, quizá sólo sea más en beneficio propio que en el ajeno, porque siempre esperará la respuesta del "y tú también, y más", del otro. Por fortuna, el mundo no es eso, pero hay muchos de esos, y tú lo sabes, amigo Javier, sobre todo en las élites, donde no importa la calidad sino la fama, unida al beneficio económico. Esa es la grasa que tanto mueve y suaviza, la que tanto niega y empaña.

Un abrazo.

Alejandro