lunes, 2 de noviembre de 2009

Cena perfecta

De vez en cuando caigo en la tentación del reto. Mila Aumente me dedicó un relato (podéis leerlo en la siguiente dirección http://milaaum.blogspot.com/2009/09/la-telarana.html y quiero compensarla, que vea que la entiendo. Cena perfecta sólo se comprende leyendo antes el de Mila. Santiago Solano tiene que estar feliz con estos cruces. Seguro que presenta otro.

A Mila Aumente

La cena fue perfecta: centollo, gambas, ostras,…¡Hacía tanto tiempo! Julia estaba maravillosa. Él la miraba arrobado. Seguía enamorado. Y más aún viendo que Julia lucía esa sonrisa franca y fresca que en su momento, hacía más de veinte años, le sedujo. No había perdido ni un ápice de su encanto. Verla feliz, sólo por eso valía la pena este momento.
Al final de la cena les ofrecieron un licor. Brindaron. Julia estaba elegante, sensual y guapísima. Vicente sintió una punzada de deseo. Pidió la cuenta y tras salir a la calle cogió a su mujer por la cintura, se le acercó al oído y le susurró: ¿Vamos a casa? Ella se hizo un mohín de disgusto: Para un día que salimos no pienso volver tan pronto. ¡Vamos a tomar una copa!
Al entrar en el pub, Vicente vio como algunas miradas de deseo se detuvieron en Julia. No le extrañó. La belleza de ella era digna de elogio. Y además, sólo ella sabia entrar en un local de aquella manera, sin mirar pero marcando territorio, sin fijarse en nadie pero sabiéndose admirada. A Vicente le encantaba despertar cierta envidia. Pidieron unas copas. Aquella bebida le supo a gloria. Pensó que hacía mucho tiempo, tal vez demasiado, que no se habían dado un momento de descanso para ambos. El trabajo, la crianza de los niños, enfermedades de sus respectivos padres, y un constante deseo de ahorro para hacer frente a la hipoteca, al coche, y al futuro. Julia con el dinero era extremadamente cautelosa, previsora y él, más manirroto, admiraba su capacidad de sacrificio. En algún momento el grifo del gasto se mantuvo cerrado. Gracias a ella, por su constancia, por su inflexibilidad, habían podido afrontar ciertos momentos difíciles ya superados…
- ¡Hola Julia, Vicente…!
Ambos se alegraron al saludar a un grupo parejas, todas conocidas, que acababan de entrar en el local. El barullo fue en aumento. Risas, conversaciones cruzadas y copas. Vicente estaba en una nube. Desde luego sabía que era por efecto del alcohol. Tanto tiempo sin salir a tomar una copa pasaba factura. Pero la sensación era buena. No tenía ganas de hablar así que se dedicó a admirar a su esposa. La vio hablar con otros, moverse por el local como si fuera la dueña. Julia, de vez en cuando, pasaba cerca de él. Y Vicente, sentado en el taburete frente a la barra, se dejaba rozar por ella. Casi como si fueran desconocidos. ¡Dios, como le excitaba esa aproximación! De nuevo, con voz susurrante, aprovechando la cercanía, le susurró al oído ¿Vamos a casa? Julia le hizo un guiño al tiempo que le decía que no con la cabeza. Bueno, pensó Vicente, ella está feliz, yo también,…, ¡camarero una copa!
Fueron dos más. Ahora sí que el mundo ya no giraba alrededor de Julia, sino de él. El alcohol actuaba en Vicente como un columpio, sin grandes vaivenes pero sin estabilidad. El único punto de nexo a la tierra lo encontró agarrando el taburete con ambas manos. Estaba alegre pero tocado por los cubatas. De vez en cuando miraba a Julia, y sus miradas coincidían. Ella era feliz, él por tanto, también. Suficiente.
Sería las cinco de la mañana cuando llegaron a casa. La verdad es que al ponerse el pijama se sintió reventado. Hacía muchísimo tiempo que no trasnochaba así. Julia se fue a cambiar al cuarto de baño. Él, con más precaución de lo habitual, se dejó caer en la cama. Empezó a recordar cada segundo de tan maravillosa noche...
Se despertó. Miró el reloj, eran las once de la mañana. ¿Desde cuando no amanecía a esas horas? Vio a su lado a Julia. Allí estaba, dormida, tan hermosa…deslizó su mano bajo las sábanas y acarició la espalda de su mujer. Sintió un fuerte deseo. Se acercó un poco más a ella, por si estaba despierta o a punto de hacerlo. Tal vez ahora sería un buen momento para amarla con la pasión contenida de la noche anterior. Julia emitió un gruñido, ese que Vicente conocía como de rechazo. Comprendió que no era el momento y se levantó de la cama. Miró a Julia, le lanzó un beso al aire y sonrió. Ella necesitaba descansar. Tal vez mañana...

21 comentarios:

antonio castillo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola Javier: visito tu casa y me encuentro con esta agradable sorpresa... ¡Ese Vicente es una joya! Y ni que decir tíene que, Julia, su mujer, una gran estúpida, no sabe lo que se está perdiendo, ja ja ja.
Creo que has hecho una copia exacta de LA TELARAÑA, pero cambiando al perjudicado. Ya sabes: la vida es así. Lo que sucede en las dos versiones, pasa en la vida cotídiana de muchas parejas; algo complicado de entender, ya que, cuando los caminos comienzan a no ser los mismos, deberíamos soltar amarras y navegar por otros mares. En general ¿por qué no lo hacemos?... Por miedo a ahogarnos, porque somos masoquistas, por puro ego (lo que consideramos nuestro, no queremos cedérselo a nadie),o...¿ simplemente POR AMOR? ¡Jó, como me enrollo!

Javier, gracias por el detalle. ¿Te veremos en la cena del día catorce? Si es así, será un placer volver a coindir contigo.

Un besito.

Mila

Anónimo dijo...

Contrapunto perfecto, Javier, al estupendo relato de Mila. Las dos caras de la misma moneda. Y me dan pie, los dos relatos, a poner algo que a algunos no les hará demasíada gracia, así que, como siempre, con perdón, escribiré sobre este asunto.

Esta visto que yo todo lo veo como una película. Hace relativamente poco estrenaron “La tormenta Perfecta”. Eso si que era duro: luchar contra el mar, contra la tempestad, intentar que el barco no vuelque.
Pero no debía ser tan perfecta porque creo que el barco, finalmente, se mantiene y se salvan. Pues más o menos eso ocurre con las “parejas perfectas”. Que no pueden serlo, porque si lo fueran...volcarían ( es un simil "a contrario").
Yo es que no entiendo mucho de relaciones terrenales y, como habréis visto por la entrada correspondiente en mi blog (en el final de Blade Runner) estoy más a favor de los replicantes que de los seres humanos. Estos son muy complicados. Ya sabéís el dicho: Piensan cuando hay que sentir...y sienten cuando hay que pensar. Supongo que en el planeta Orión las cosas funcionarán de otra forma.

Por cierto, sólo el 20 por ciento de las sociedades organizadas del planeta según datos de la Unesco(me refiero a seres humanos, claro) son monògamas. Los otros mamíferos, bastante menos...creo que el cero por ciento. O sea que debe ser un tema conceptual/cultural y, como todo lo conceptual/cultural, con muy poca base para generalizar teorías.

Yo me tomo esto, Javier, como un cuento ¿era literatura, no?. Eso sí, tengo dudas ¿realista o surrealista?
Me pasa lo que a Manuel en otras cosas: tengo en muy poca estima-consideración-valoración las conductas del género humano en estos asuntos. A la observación y a los hechos me remito.
Repito: con perdón.

Port

Anónimo dijo...

El cruce de relatos es buenísimo!Los dos son muy reales, y con la gracia de quien sabe convertir lo cotidiano en literatura. Deberíais hacer esto más amenudo. 1 beso

Mechas

Alejandro dijo...

La parejade de tu cuento, querido Javier, es una muestra de tantas y tantas parejas que bailan y se rien una noche cualquiera. Parece que Vicente, resignado -no sé hasta dónde- perdona a Julia. Se va, la deja dormir. Otro día será, dice. Yo creo que es un hombre cabal, porque habrá pensado que si no olvida la contrariedad de esa mala noche y se enoja con su pareja, nunca más disfrutará de sus virtudes, que seguro que las tendrá. Pero sí que convenía que le dijese a Julia, cuando se despierte, que tenga cuidado, porque el amor no se rompe por usarlo sino por todo lo contrario.

Un abrazo.

Alex

Anónimo dijo...

Enhorabuena a los dos, muy simpático y bien escrito. Besos, Sol

Alicia dijo...

Javier en los momentos qué decides volver no nos nunca dejas impasibles.
Reconociendo que las dos situaciones relatadas por Mila y por ti puedan formar parte de sensaciones-o realidades-en momentos puntuales de la vida en pareja y vistos los comentarios anteriores me voy a lanzar a la piscina.
El año pasado celebré las bodas de plata con mi pareja y padre de mis dos hijos. Nunca caeré en el error de intentar convencer a nadie que vivir en pareja es la situación ideal, sin embargo creo que puedo defender que para algunos pueda ser lo más próximo a esa situación.
Creo que permanezco al lado de mi pareja-espero que no suene a tópico- tanto por lo que es él, cómo por lo que he podido ser yo a su lado sin ningún tipò de cortapisas.
Acaso muchas parejas han fallado por no dejarse espacios de individualidad y por intentar caminar siempre juntos cuándo la realidad es que muchas veces es necesario caminar con otras personas por qué los intereses personales pueden ir por caminos diferentes y sin embargo eso no debiéra impedir que permanezca entre ellos el amor y la pasión.
Mila creo que el secreto está en poder amar sin sentirse amarrado.
Emilio, no se trata de que tu postura haga o no gracia. Todos los puntos de vista se deben entender pues responden las experiencias que cada uno ha tenido en su vida. En esto, cómo en todo lo que se relacione con sentimientos, no hay recetas.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Alicia, llevo treinta y seis años casada con el mismo, y te aseguro que en ningún momento nos hemos sentido amarrados ninguno de los dos, si por amarrar entendemos ocupar el espacio del otro. Nosotros celebramos nuestras bodas de plata en el mismo restaurante donde celebramos la boda. Fue un evento que organizamos con mucha ilusión y que vivimos intensamente. Ahora bien, querida Alicia, la vida, como tu bien sabes, da tantas vueltas que a veces acabamos mareados, jajaja. Lo que hoy es, mañana puede dejar de serlo. En los caminos largos, es raro que no nos encontremos con alguna trampa en la que, quizá, los más debiles se dejen atrapar. Esto que te escribo es mi visión personal sobre el matrimonio y en general de la vida.
Referente a las dos versiones que Javier y yo hemos hecho sobre un mismo tema, me gustaría que el lector no lo tomase como algo personal del autor, sino como algo imaginario que puede suceder en las relaciones largas de cualquier pareja.

Un beso.

Mila

Emilio dijo...

Y yo en medio del fuego cruzado...Dios mío, soy un disidente...en Occidente, claro.
Alicia, sonrie, por favor. Y digo yo, Mila, vaya berenjenal que es esto de las parejas, los modos de vida, la convivencia, el amor, el sexo, el celibato, el boato...De todas formas, dices bien, el cine y los libros están llenos de amores, pasiones, rupturas y perdices...Desde Anna Karenina a La Regenta (ambos libros llevados, y muy bien, a la pantalla). Incluso hay una película de Manuel Gómez Pereira, uno de los mejores directores de cine españoles, "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir...?", con Rosa María Sardá y Verónica Forqué que es todo un debate sobre el tema. Cada cual en su casa sabe lo que pasa, ¿verdad?. Yo creo que la compenetración y el cariño, con los años, los da el modo de ver la vida...y por eso la confluencia de pareceres es importante. Pero no sólo en lo que se llama amor, también en la amistad. Y mira, más que pareceres, actitudes ante la vida...Eso si que une.

Manuel dijo...

Ay, Javier!. La vida cruel es así... Pero si es que, si no sabe beber, pues que no beba. Para triunfar en la noche hay que tener las cosas muy claras desde el principio.

Me gustan tus cuentos, mucho. Entre sorbo y sorbo de café, es una de las mejores compañías que encuentro.

Javier dijo...

Estimado comentario suprimido: ¡Qué lástima, me mata la curiosidad!

Javier dijo...

Hola Mila, Vicente no es un perjudicado, salvo que se lo expliquen. Sólo es un enamorado. En cuanto a los caminos, nada hay más bonito que caminos paralelos pero conectados por vasos comunicantes. Tal vez sea ese el error de esta pareja. El crecimiento de uno al lado del otro, aportando ambos a esa vida en común, es lo que une de verdad.
Nos vemos en Madrid, un beso.

Javier dijo...

Hola Mila, Vicente no es un perjudicado, salvo que se lo expliquen. Sólo es un enamorado. En cuanto a los caminos, nada hay más bonito que caminos paralelos pero conectados por vasos comunicantes. Tal vez sea ese el error de esta pareja. El crecimiento de uno al lado del otro, aportando ambos a esa vida en común, es lo que une de verdad.
Nos vemos en Madrid, un beso.

Javier dijo...

Estimado Emilio, tú que eres escritor, parece mentira que me preguntes si es ficción o realidad. Ya sabes, lo que quieras. Si te remueve lo escrito, es válido. Bajo el paraguas que quieras cubrirlo. El autor no está en la cabeza del lector. En cuanto al tema genético/cultural, eso daría para muchas horas de discusión. ¿Tal vez en Madrid el próximo 14?

Javier dijo...

Hola Mechas, que alegría verte por aquí. Ya sabes, yo soy de pie en tierra y mente práctica. No alcanzo nunca tus escritor así que me defiendo como puedo con estas pequeñas diversiones.
Un besazo.

Javier dijo...

Alex, de acuerdo contigo en tu última frase. Pero sigo diciendo que Vicente no está resignado. Está enamorado. Por eso comprende el día pasado, comprende a su mujer y espera, sólo espera.
Un abrazo

Javier dijo...

Como siempre, gracias Sol por parar un ratito en esta casa de locos.
Besos

Javier dijo...

Estimada Alica, habrás visto que comparto tu opinión.Cada uno vive su vida y luego la comparte con la compañía que quiere. Emilio, provocador nato como siempre, propone varias compañías. No me extraña que de vez en cuando se desubique porque eso lleva mucho trajín. Je.
¿Vienes a Madrid?

Javier dijo...

Mila, deja que el lector imagine, contra eso el autor poco o nada puede y creo que ni debe, hacer. Además, ese es el placer que tiene el autor, deja ahí algo escrito y el resto que inteprete, si es que quiere hacerlo. A mí me gusta así
Besos

Javier dijo...

Emilio, cómo te gusta tirarte al charco. Provocador, truhán, que nosotros, los mortales, somos lineales. Pero llegas tú y nos planteas otros puntos de vista, otras miradas y nos pones a pensar. Y hala, yo a no dormir por las noches, dándole vueltas al tarro. ¡Me rompes mi estado catatónico de felicidad! Mira que eres malo...

Javier dijo...

Manuel, a los que estamos trabajados en el arte de las relaciones sociales, y acostumbrados a esas copillas que en un momento determinado saben a gloria, es muy difícil explicarnos porqué alguien se pasa. Poruqe cuando esto ocurre todo se viene abajo. Incluso las peores intenciones.
En fin, daremos en Madrid un curso sobre esto. Igual conseguimos el Master.
Nos vemos ya.
Un abrazo