domingo, 12 de abril de 2009

Después de Cervantes, Corín Tellado



Quedé parado frente a la estantería repleta de libros. Me fije en una da las baldas, sobre la que estaban las novelas de bolsillo. Tal vez porque allí había más colorido que en otras estanterías, en las que se agrupaban colecciones cuyos formatos eran más similares entre sí. Con doce años aún me llamaban más los libros por sus colores que por sus contenidos. Lógico, teniendo en cuenta que comencé a leer con tebeos y comics.
Tras mirar las tapas con verdadera curiosidad me decanté por el marketing anglosajón, en el que las imágenes potentes de coches de lujo , pìstolas y mujeres despampanantes, me llamaron más la atención que las sonrosadas portadas en las que se dibujaban mujeres de mirada cándida o vaqueros con pistolas. Entre Ian Fleming, Corín Tellado o Marcial Estefanía, elegí al agente 007. Y me leí todos los títulos a pesar de la prohibición expresa de mi padre.
Pero no me olvidé de Corín Tellado. Despertaba mi curiosidad pero nunca pude leer más allá de dos líneas de esta autora. No sé explicar por qué. Ni en novelas, ni en fotonovelas. Y sabía que era una autora capaz de publicar cientos de relatos, de vender millones de libros, pero jamás me senté a pasar el rato con ella. Y sin embargo, cada vez que oía su nombre, lo asociaba a mis inicios lectores.
Tal vez esté aquí el mérito de esta mujer. Estoy seguro que, aunque no fuera mi caso, ayudó a iniciarse en la lectura a muchas personas; y tal vez despertó su vocación por escribir.
No se puede menospreciar a quien ha sido capaz de escribir 4000 novelas, vender 400.000.000 de ejemplares, pagar más de dos millones de euros (365.000.000 de pesetas de entonces) a una editorial en el año 1973 para liberarse de un contrato, ser traducida a más de 25 idiomas, amén de separarse en unos años en los que nadie se atrevía a hacerlo. y a hablar de la liberación de la mujer y de erotismo en una época en la que la censura franquista acababa con todo intento de libertad. Ella lo contó así: “En cuanto a mi estilo, fue la censura quien lo perfiló. Algunas novelas venían con tantos subrayados que apenas quedaba letra en negro. Me enseñaron a insinuar, a sugerir más que a mostrar".

Y para mí sorpresa, fue la primera escritora conocida que publicó una novela, “Milagro en el camino” en Internet (año 2000) (http://informativos.net/actualidad/milagro-en-el-camino-la-novela-larga-de-corin-tellado-en-internet_25384.aspx)antes incluso que el afamado Stephen King.

Esta mujer ha sido criticada y alabada por los grandes escritores a partes iguales. Pero todos reconocen en ella al rey Midas de la literatura.
No sé hasta que punto ella disfrutó escribiendo porque se obligaba, no se si por contrato o por voluntad propia, a preparar una novela cada semana. Una barbaridad. Pero vivía de esto, era una profesional que parece ser nunca falló en un plazo. Incluso dos días antes de morir hizo su última entrega. No dejó nada pendiente.

Sirva esta entrada como homenaje a una mujer que, siempre que la he visto en entrevistas, me ha dado la impresión de ser fuerte, con coraje, voluntariosa, esforzada y trabajadora, en contraposición con lo que podría deducirse de sus novelas.
Esta es otra forma de vivir de la escritura. Yo no podría pero tal vez le sirva de ejemplo a quienes quieren hacerlo.

3 comentarios:

Lola Mariné dijo...

Tambien para mi forma parte de esos inicios que me aficionaron a la lectura, junto con Zane Grey, jeje.
Me sorprendió oir que era la escritora más leida en español despues de Cervantes...
He colgado en mi blog una entrada hablando de "Atmósferas"; creo que habrá que ir preparando una cuarta edición...
Saludos.

Javier dijo...

Hola Lola, espero que se den la cuarta, la quinta y la sexta, pero de momento vamos a ver si somos capaces de vender la tercera, que todas las cosas llevan su ritmo. Gracias por ayudarnos a difundir esta iniciativa. Os ire contando.

Saludos

objetivopoetas dijo...

Forma parte de nuestro acerbo cultural, nos guste o no.
La leí muchísimo. Eran las lecturas de la gente que vivía en mi escalera.
Reconozco que pasaba por ella como por los tebeos. Con una fotonovela tenía para un rato.
En ese ambiente de escaleras sin puertas cerradas, al fresco de los peldaños en verano.
No recuerdo bien, algunos aspectos, pero sé que en esos tiempos se pasaban de mano en mano. Ibas al kiosco con una que habías comprado y te la cambiaban.
No creo haber comprado ninguna. Tuve esos vecinos y vecinas que lo compartían todo.
Para cuando me dirigí a la Biblioteca a leer en serio, ya me había pasado de largo esa oleada.
En aquellos años, también se daba el fenómeno de unas novelitas de vaqueros. Uno de mis vecinos la leía. Nunca me acerqué a ellas.
Otro fenómeno era el de las radionovelas.
Recuerdo que escuchaba y seguía alguna, mientras intentaba estudiar.
Mi madre no estaba para eso, pero se oían de las casas vecinas.
Ella ha entrado en su ancianidad en el gusto por los culebrones.
Le distrae las largas horas de quietud a la que su vejez le lleva.
Deploraba todo este tipo de literatura, pero ahora lo veo bajo otro ángulo.
En el caso de mis vecinas de adolescencia, es posible que esa fuera su única lectura. Esa y la prensa amarilla.
También es posible que deba a esas lecturas algunos escarceos escribidores en mis años tempranos.
Un abrazo.