viernes, 23 de enero de 2009

Visita a la casa de Santiago Solano


El Domingo pasado, tal y como anuncié, estuve de visita en casa de Santiago Solano. Aunque no sé si hablar de casa es utilizar el vocablo correcto. En este caso creo que llamarle Hacienda, con mayúsculas, es más acertado. Es como mejor queda definida su propiedad.
Sé que él, hace años, compró un terrenito en el que distraerse los fines de semana plantando palabras. Como las visitas a su rincón cada vez eran más frecuentes y de mayor duración, decidió construir con sus manos un pequeño cobertizo en el que trabajar con mayor comodidad. Allí vio cómo su plantación de palabras crecía día a día, cómo maduraban y cómo su recolecta era cada vez de mayor calidad. Y claro, ya que las tenía, aprendió a utilizarlas. Así que al lado del cobertizo, adosó un pequeño almacén en el que guardar la cosecha del año. Versos aislados por aquí y relatos peregrinos por allá, reflejo de un mundo interior que necesitaba airear. Se dio cuenta de que su afición era a vida era a vida o muerte. Le ayudaba a salir de su pozo oscuro. O moría.
Y así que, poco a poco, añadiendo pequeñas reformas que le permitieran exponer el fruto de su trabajo compulsivo, y con el orgullo de quien ama su afición, edificó su primera casa. Le llamó El Literonauta. Era preciosa.
Tan bonita, que llamó la atención. Quien se dedica a plantar palabras en un medio inexplorado y casi hostil, rechazando la fertilidad de otros terrenos más productivos y mejor ubicados, necesariamente se convierte en centro de atención. Así que aquella casita de la calle Internet dejó de estar aislada. La generosidad de Santiago permitió que otros diseñadores de versos, de relatos, de idéas, le visitaran.
En cada nuevo encuentro Santiago guardaba un recuerdo de ese día. Bien porque se lo regalaban, bien porque lo robaba. Eso sí, sin más ánimo que el homenaje. Lo recogía con amor, y le daba un lugar destacado en su casa. Porque sabía que sus amigos, sus conocidos, sus admirados, serían los artífices de él, de su casa, de su historia, de su patrimonio y, en fin, de su vida.
Y puestos a ser esplendidos, ofreció alojamiento a quien lo deseara. Compró unos terrenos al lado del suyo y creó La Literonautica. Con ilusión y con la misma entrega del aprendiz ilusionado y loco. Ese lugar de encuentro, ese hogar de acogida, tuvo su momento de auge, pero diversos avatares y plagas como el cansancio, el individualismo, los malos entendidos, los equívocos y errores de casi todos los habitantes se llevaron por delante aquel alojamiento llamado La Literonautica.
Santiago, en principio derrotado, recogió velas. Seguramente pensó aislarse del mundo. Eso sí, guardó todos aquellos recuerdos, idéas y regalos en su almacén de El Literonauta. Estuvo a punto de quemarlo todo, pero lo guardó.
Porque Santiago es de otra estirpe y se conoce. Decidió renacer de nuevo. Otra idea, otra propuesta, con la lección anterior aprendida. Para bien. Sabía que aquello era su vida, que debía entregarse en cuerpo y alma a su plantación de palabras, hasta obtener la cosecha perfecta. Sí o sí.
Y ahí está. Al frente de un sueño en el que el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la sorpresa, y la magia de las palabras te atrapan hasta no dejarte respirar. Cualquier puerta de su Hacienda te va a llevar por caminos que nunca olvidarás. Vale la pena. ¡Atrévete!

http://www.literonauta.com/
http://www.erabradomin.org/
Pd.- Me ha hecho mucha ilusión encontrar esta caricutura de Santiago. No la conocía. Su autor es Enrique Gracia, a quien tengo el placer de conocer y admirar como escritor, actor y ahora como dibujante. Podéis ver más en www.enriquegracia.net/vine/in.html

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Javier.
Gracias por estas palabras tuyas. Exactas como siempre, verdaderas como siempre. Creo que llevas razón en todo cuanto has dicho de mi voluntad inequívoca de escribir... La metáfora de la Hacienda es preciosa, propia de poeta. Con amigos como tú, de verdad, de esos que están siempre, el duro camino de la palabra se hace más fácil. Gracias Javier por este regalo, por este nuevo incentivo.
Un saludo cordial.
Santiago Solano

Anónimo dijo...

Este comentario aparece como anónimo por eso de los duendes informáticos y mi extraña manía de no meterme en lios de pasos y códigos HTML, b, i, a, Open ID, Nombre/ URL...en fin, de esos aledaños estiendo poco, pero, aunque utilice la forma más sencilla de acercamiento, siempre firmo debajo, no por vanidad, sino por identificación. Al fin y al cabo, estoy en casa. En la mía, fisicamente, escribiendo, y en la nuestra, la que tan bien describe Javier, que era de Santiago...y ahora compartimos. No se puede retratar de forma literariamente más bella un intento - y los intentos son los hechos - que como lo hace Javier Ribas. Ahí está la demostración del nivel de escritores de este grupo, el nivel de empleo del lenguaje y su concordancia con mente y corazón. Hacer de la metáfora suceso es convertir la vida en un conjunto de promesas que se cumplen cotidianamente porque el resultado ya está ahí. Esta red es ese resultado. Es un nervio más del cuerpo del mundo. Ese que se inició en la oscuridad y que camina hacia la luz. Y la luz da calor. A través de escritos como el tuyo, Javier Ribas, el calor se nota. En la obra de Santiago y en la de todos nosotros.
Gracias profundas. Gracias, de verdad. A los dos.

Emilio Porta

Anónimo dijo...

Querido Javier

Yo estuve en ese huerto. Disfruté los brotes y los frutos. Conocí ahí a una hermosa jardinera de quien recibí cariño y enseñanzas vitales como la fortaleza, el valor y la disciplina, pero sobre todo el amor por la palabra escrita.

Qué fortuna tener un amigo como tú, que sabe traducir con tanta belleza y precisión la voz del Alma, con gratitud y ternura.

Saludo a Santiago y le agradezco ahora el bello recuerdo y la semilla que dejó en mí con su empresa.

Felicidades a ambos por la perseverancia del esfuerzo a pesar de los reveses que obstaculizan cualquier labor.

A ti, Javier, un beso con mi admiración y agradecimiento.


Simetha •◘•

=)

Rosa Jimena dijo...

Hermoso paseo por la casa de Santiago. Hermosas vistas de tu fidelidad y cariño. Hermoso poema hecho relato,por aquello de querer mantenerte en tu sitio.

Felicidades por todo ello Javier. Ha sido un placer visitar la Hacienda de Santiago y tus semillas de palabras para su huerto.

Gracias por seguir escribiendo Javier.

Javier dijo...

Santiago:

Lo escribí desde la tranquilidad del convencimiento.
Un abrazo

Javier dijo...

Vaya, este es el post de los anónimos conocidos.

En efecto, Emilio, estoy más que satisfecho con lo que estoy disfrutando en nuestra asociación. Y me enorgullece compartir cosas con quien lo estoy haciendo. Todo un lujo.
Ah, pasé por tu casa. Pero como aún está de obras, esperaré un poquito. Sé que te la estás haciendo tú, pero dedícale más tiempo porque me gustaría visitarte en esta vida.
Un abrazo, amigo.

Javier dijo...

Simetha, verás que eres un alma gemela nuestra. También entras entre los anónimos. Je.
¿Dónde está tu blog? ¿Dónde tus poemas? Y por cierto, espero tu relato. Aquí no se escapa nadie.
Un besazo
Javier

Javier dijo...

Rosa, ¡que alegrón! Ya sé que los poetas necesitáis soledad, recogimiento,intimidad...pero de vez en cuando déjate ver, que los cuentistas no pegamos ningún virus raro.
Por cierto, al igual que a Simetha, os recuerdo que la prosa poética también existe. ¡No tenéis excusa! Un folio, breve, directo al corazón.
Te espero
Javier

María Jesús dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Amigo Javier, enhorabuena por este blog. Lo vas a hacer crecer sin duda.
La entrada dedicada al común amigo Literonauta, cálida y certera. Enhorabuena.
Gracias por tu amistad a través de mi caricatura a Santiago.
Enlazaré en mi blog
http://enriquegracia.blogspot.com
Un abrazo.
Enrique Gracia

Africa dijo...

uy!!Dónde está mi Manuel,que no le veo? Acaso en esta casa no hacen falta los guitarreros? No olvideis que Peter Pan es necesario para hacer soñar a las "Campanillas".Haced que regrese.

Carmen Silva dijo...

La Hacienda de Santiago Solano descrita en las bellas palabras de Javier Ribas, me recuerda no sé por qué, al cuento de los tres cerditos, esos hermanos que a los dos mayores no les gustaba trabajar y para guarecerse del lobo edificaron casas de cartón o madera que derribó el lobo con un sólo soplido. El pequeño trabajó sin descanso y construyó la casa con los cánones de la buena arquitectura. Allí cobijó a sus hermanos. La Hacienda de Santiago es como la casa del pequeño, fuerte, bien hecha con el material preciso para que los escritores tímidos, indecisos, introvertidos o sin grupos literarios que los acojan puedan expresarse libres de cortapisas de moldes o de esquemas literarios. En la Hacienda de Solano, se pueden escribir, cartas, poemas, relatos, cuentos o ditirambos: es igual todo es posible que lo lea algún alma gemela y nos comprenda. Pero lo mejor de todo es que para expresarnos no hacen falta esquemas, puedes decir lo que quieras o tal vez no digas nada, sólo eso.NADA, hoy no tengo ganas de escribir y las puertas de la Hacienda se abren y se cierran con tus palabras para que otros las analicen, las lean y conozcan a un amigo más.Los mecenas de pasados siglos ofrecian dinero y otras dádivas para forjar artistas los mecenas del siglo XXI ofrecen oportunidades. Gracias Satiago por tu hacienda y gracias Javier por tu magnífica interpretación. Me gustaría alquilar un chiscón a vuestro lado donde poder plantar también mis palabras y que los demás las abonasen con fertilizantes.