martes, 28 de octubre de 2008

Alucinación de Miguel Ortega isla


Acabo de leer con ilusión y placer un poemario de Miguel Ortega Isla. Concretamente "Alucinación". Me encanta Ortega porque es capaz de verbalizar de forma sencilla esos pensamientos íntimos, divertidos, extraños que a mucha gente nos pasa por la cabeza pero que no sabemos , o no nos atrevemos, a escribir. Y cada palabra suya, cada poema, invita a asumir como propia esa situación, a recordar que también nosotros hemos tenido esas sensaciones. Pero hay algo que me encanta en Miguel, a parte de su trascendencia en determinados momentos. Es su sentido del humor. Leer lo que escribe y hacerlo con una sonrisa casi permanente es algo que echo mucho de menos en muchos poetas. El humor y la ironía fina, está reservada a muy pocos. Y Ortega Isla lo consigue. ¿Cómo lo hace? Son muchos años dedicados a la escritura, muchas publicaciones, y mucho pensar en que la vida no sólo nos depara penas y lágrimas.

Gracias Miguel por tus libros.

Quien quiera saber más cosas sobre este autor y sus publicaciones que se pase por http://www.literonauta.com/ Allí le encontrará. Alli disfrutará de Miguel Ortega Isla.


Ah, he tenido la suerte de escucharle recitar sus poemas y entonces, el placer es aún mayor. Está por Madrid. ¡Buscarle!


sábado, 25 de octubre de 2008

Iniciación a la escritura


Como veréis, en la cabecera de este blog aparece la Asociación de Escritores a la que pertenezco. No es que seamos muchos, pero nos movemos con ilusión y tratamos de multiplicar nuestros esfuerzos para que lleguen al mayor número de lectores posible. La nueva actividad consiste en la creación de una tertulia literaria tanto en presencial como en la red. Para que veáis por dónde van los tiros, os voy a copiar el texto que como iniciación del curso ha hecho Santiago Solano. Para quien esté interesado en escribir creo que vale la pena. Y a quien le guste leer, que vea un poco el nivel de dudas que nos desata siempre esta afición que tenemos por la escritura. Me encanta en su fondo y en su forma.


TERTULIA LITERARIA


1.- NUESTRO PROPIO RINCÓN

El sueño de todo aquel que se plantea escribir es hacerlo en una casa grande con una hermosa vista sobre el mar batiendo sus olas a través de grandes ventanales, un perro muy peludo dormitando junto a una chimenea en el salón, una piscina en el jardín trasero y un par de ca­ballos en la cuadra para dar paseos por el bosque circundante. Eso se­ría estupendo, qué duda cabe. Son las condiciones ideales para escri­bir, desde luego, pero también para pintar o para componer música. O para vivir, simplemente. Yo también lo quiero.
Pero hablamos de escribir, no de soñar despiertos. En una casa así imagino que se debe de vivir muy bien, pero, puedes creerme, no se escribe mejor. Y hasta es muy probable que, llegados a ese punto, nos digamos: «Ya está. Tengo la casa. Ya no quiero escribir. Ahora, a vi­vir. » Y es más que comprensible. Quien espere a tener esas condicio­nes mínimas antes de sentarse a escribir, en realidad no quiere escri­bir en absoluto. En la historia de la literatura, en las biografías de los escritores, encontraremos muy pocos autores que hayan trabajado o trabajen en esas condiciones.
Ahora bien, como dice el dicho: «Una cosa es una cosa, y otra es otra.» Lo cual es aplicable a casi todo en esta vida. Y si hablamos de condi­ciones previas a la escritura, del lugar desde donde se escribe, hay que reconocer que hay lugares adecuados y lugares inadecuados. Muy bien.
¿Y cuál es el lugar adecuado, si puede saberse? Pues la verdad es que hay miles, casi infinitos, y cada cual tiene que buscar el suyo propio. Básicamente, se podría decir que el espacio físico adecuado para la escri­tura es el mismo que el espacio adecuado para estudiar. Tal vez entre los mejores esté el de una mesa ordenada, con algunos libros de con­sulta a mano (diccionarios, libros de estilo, nuestro autor preferido...), un cuaderno agradable, una pluma o bolígrafo que escriba bien, a ve­ces un ordenador, temperatura agradable (ni frío ni calor), un foco de luz a la izquierda (o a la derecha para los zurdos), sin gente alre­dedor que nos distraiga y, por supuesto, sin un televisor encendido tratando de atrapar nuestra atención. Son los consejos que le daría­mos a cualquier estudiante que quisiera mejorar sus hábitos de estu­dio. Y son los que yo doy para mejorar las condiciones previas a la es­critura. Siendo razonables, habrá que reconocer que este lugar es bastante más fácil de conseguir que el primero, el de la casa junto al mar. Y no es peor en ningún aspecto relacionado con la creatividad o la posible calidad de lo que vayamos a escribir. Al contrario: es más real, más nuestro, más de verdad.
Hay ocasiones en las que ni tan siquiera podemos encontrar un lugar tranquilo en nuestra propia casa. Para esos casos hay que ser tan ca­bezotas como imaginativos. Existen bibliotecas, bancos en los parques, salas de espera en estaciones de trenes, autobuses y aeropuertos... Hasta los hospitales, iglesias y tanatorios, si llega el caso, pueden ser en al­gún instante lugares apropiados. Tendremos que buscar nuestro pro­pio rincón.
Cuentan que un escritor hoy suficientemente conocido vivía con sus padres en una casa muy pequeña. La madre y la abuela tenían encendida la televisión todo el día, y no tenía una habitación propia (dormía en el salón, en una cama que sa­lía del interior del sofá familiar). No había lugar en donde concen­trarse. Finalmente, se encerró en el cuarto de baño, puso unos coji­nes sobre la bañera y se sentó en su interior, a salvo de todos, para poder escribir. Tal vez no era el lugar ideal, pero si a él le servía pa­ra escribir, podía empezar a serlo. Me contaron también el caso de una mujer a la que su marido y sus hijos tomaban el pelo cada vez que se ponía a escribir: «¿Qué haces? ¿Por qué no dejas de escribir bo­badas y de perder el tiempo? ¿Qué vamos a cenar hoy? ¿Qué crees, que te van a dar el premio Nobel?» Ella sabía que nunca iba a conseguir que respetaran su necesidad de escribir, así que buscó un lugar a sal­vo de las agresiones, fuera de la casa: se sentaba en una cafetería, y a veces en el interior de su propio coche, y escribía... Luego compraba rápidamente algo para cenar y al regresar a su casa decía que había tardado mucho porque las colas en el mercado ese día eran horrorosas. También vale.
En realidad, el lugar desde donde se escribe, una vez que estamos en el proceso, sólo está presente en las primeras líneas. Una vez que en­tramos en el mundo de la escritura, dejamos de estar ante esa mesa, o bajo ese árbol, o en el interior de la cafetería que nos acoge, y nos trasladamos al mundo en el que sucede la historia que estamos con­tando. Hay un momento, que muchos autores definen como «mági­co», en el que las paredes que nos rodean desaparecen y nos vemos embarcados en un galeón pirata, en un bosque impenetrable o suspendido en el aire por un paracaídas.
Hay un espacio real, lógico, en el que vivimos. Es un mundo visible y objetivo, palpable, común, en el que nos movemos con cierta soltu­ra. Pero también existe otro espacio, el de los sueños, que parece igual­mente verdadero, al menos cuando estamos inmersos en él, pero que no podemos controlar. Ese espacio de los sueños, al que nos vemos arras­trados cada noche, funciona con una lógica que se nos escapa, es irreal, y habitualmente nos parece absurdo. Está ahí, sin duda, y aunque lo fabriquemos nosotros mismos, desde el inconsciente, apenas podemos entenderlo. Es otro mundo. Pero hay un tercer espacio que no es ni uno ni otro. O, mejor dicho, que es un poco uno y un poco otro. Es un lugar fronterizo entre la realidad y el sueño, un lugar intermedio, que el psiquiatra D. W. Winnicott llama espacio transicional.
¿Y a qué viene esto? Pues a mucho, porque es justamente en ese lu­gar intermedio, transitorio entre la realidad tangible y el sueño im­palpable, en donde se sitúa la creación literaria. Ángel Zapata diría que es como el cuarto de juegos del escritor. El escritor, en el momento de la escritura, debe comportarse como un niño cuando juega: un za­pato alzado sobre la mano y planeando es una nave espacial que viaja rumbo a Urano, la cama es un barco velero que va a la deriva tras un accidente... Si el niño no cree que las cosas sean así, se acabó el jue­go, dejará de ser divertido remar con la escoba al borde de la cama. Si el escritor no se sumerge, no se cree, no vive la historia que está escribiendo, deja de ser divertido, deja de ser creativo, deja de ser es­critor. Puede fingir, muchos lo hacen, pero va a tener que hacerlo muy, pero que muy bien para engañar al lector. En todo caso, a sí mismo no se podrá engañar, así que dejará de jugar, dejará de escribir, muy pronto.
Escribir en ese espacio transicional no es sinónimo de estar loco, o todos los niños lo están. El niño, navegando en el barco-cama, sabe descender de él cuando su padre lo llama para que se tome la me­rienda. Es un barco o es una cama, depende de si está jugando o es­tá merendando. Ahí no hay esquizofrenia, sino desarrollo de la ima­ginación. Es el mismo mecanismo que usa el escritor cuando nos describe una trinchera asediada como si estuviera allí. Y es que está allí.

2.- UNA SUGERENCIA

Queda con un amigo o una amiga para escribir en un café (a ser po­sible, de estilo antiguo, con mesitas de mármol, sin máquinas traga­perras ni televisión). Fijad una hora, una o dos veces por semana y, después de un cuarto de hora de saludos, charla y llamadas al ca­marero, poneos a escribir. Al menos una hora de silencio, de escri­tura sin interrupciones. Es como ir al cine, pero aquí los actores y la trama los pones tú. Julio Cortázar reconoció en una entrevista que la mayor parte de Rayuela había sido escrita en varios cafés de París. Y es que tiene sus ventajas: no suena el teléfono, no hay niños distrayendo, no te puedes poner la excusa de que hay que ordenar el cuarto... Es como un viaje: sólo tienes que escribir.

3.- SE PARECE A...

Prepararse para jugar... y empezar a ju­gar. Zambullirse en la escritura-juego sin más retrasos. ¿Acaso un niño acep­taría esperar a que llegue el próximo fin de semana, o las vacaciones de ve­rano, para disfrutar del juego? El niño, el escritor, desea jugar, o escribir, no sólo dentro de unos días, sino también hoy mismo. Aunque sea sólo un ratito. Y mañana también, por lo menos otro rato. Es tan necesario como comer, o lavarse la cara, o descansar por la noche.

4.- PONTE A ESCRIBIR

Redistribuye tu tiempo y tu espacio. Hazte un plan para empezar a escri­bir cada día en un lugar y a una hora determinados. Reserva un espacio pri­vado (puede ser una mesa, un cajón, un estante de la librería, una carpeta con separadores, una caja de zapa­tos...) donde almacenar tus materia­les preferidos de escritura: cuaderno, folios, lápiz, pluma, apuntes o libros sobre el tema. Defiende ese peque­ño territorio y tiempo de libertad e in­dependencia tuyas con firmeza, o guárdalas en un escondite o, si es ne­cesario, bajo llave. Ponlo en marcha. No te desanimes. A las cuatro sema­nas, nadie, ni siquiera tú, podrá du­dar de que ese espacio y ese tiempo te pertenecen.


5.- VIVIR DOS VECES
El escritor vive dos veces. Lleva su propia vida cotidiana, y en ella corre como todo el mundo yendo a comprar, atrave­sando la calle, vistiéndose por la mañana para ir a trabajar. Pero el escritor ha entrenado, al mismo tiempo, otra parte de sí mismo. La que vuelve a vivir todo esto por segunda vez. La que se sienta y vuelve a recorrer mentalmente todo lo que ha sucedido, deteniéndose a observar su consistencia y sus detalles.
Cuando estalla un temporal, todos corren por las calles de aquí para allá con paraguas, impermeables, diarios en la cabeza. El escritor vuelve a salir bajo la lluvia con la libreta de apuntes en la mano y la pluma entre los dedos. El escritor observa los charcos, los ve llenarse, ve como las gotas de lluvia puntúan la superficie. Se podría decir que el escritor se ejercita en ser estúpido. Sólo un estúpido se quedaría bajo la lluvia mirando un charco. Si uno es listo, intenta no quedarse bajo la lluvia para evitar los resfriados, y, de todas formas, en caso de enfermedad se ha asegurado de antemano. Si uno es tonto, se interesa más por los charcos que por su propia salud, las pólizas de seguro o la puntualidad en el trabajo.
Por último, uno está más interesado en volver a vivir su propia existencia escribiendo, que en hacer dinero. Bueno, entendámonos: también a los escritores les gusta hacer dine­ro; también a los artistas, contrariamente a lo que normalmente se piensa, les gusta comer. Sólo que, para ellos, el dinero no es la motivación principal. Personalmente, si tengo tiempo para escribir me siento muy ric0, mientras que me siento muy pobre si tengo un sueldo regular pero no tengo tiempo para mi verdadero trabajo. Pensad en ello. El patrono nos da un sueldo a cambio de nuestro tiempo. El tiempo es la mercancía de mayor valor que un ser humano puede ofrecer. Trocamos el tiempo de nuestra vida por dinero. El escritor se detiene en el primer paso, el propio tiempo, y le atribuye un valor aún antes de recibir a cambio un dinero. El escritor tiene muchísi­mo aprecio a su propio tiempo, y no tiene tanta prisa por venderlo. Es como heredar un terreno de la familia. Este terreno siempre ha pertenecido a la familia, desde tiempo inmemorial. Viene alguien y ofrece comprarlo. El escritor, si es listo, no venderá demasiado. Sabe bien que, una vez vendido el terreno, podrá incluso comprarse un segundo coche, pero ya no tendrá un lugar donde refugiarse, ya no tendrá un lugar donde soñar.
Por eso, si queremos escribir, no es malo que seamos un poco tontos. Dentro de nosotros existe una persona a la cual no se le puede dar prisa, una persona que necesita tiempo y nos impide entregarlo todo. Esta persona necesita un sitio a donde ir, y nos obliga a mirar fijamente los charcos bajo la lluvia, casi siempre sin sombrero, y a sentir las gotas que caen sobre la cabeza.












Bibliografía:
PÁEZ, Enrique, ESCRIBIR (MANUAL DE TÉCNICAS NARRATIVAS, SM, 2008
GOLDBERG, Natalie, EL GOZO DE ESCRIBIR, La liebre de Marzo, Marzo 2008











SEMANA DE 22 AL 26 DE OCTUBRE 2008
PUNTOS DE REFLEXIÓN

miércoles, 22 de octubre de 2008

Nuevos añadidos al blog.

Gracias a mi amigo Santiago, he incorporado a este blog dos detalles nuevos para ir completándolo. Por una parte, un contador de entradas. Aunque no sean muchas visitas, me hace ilusión ver que hay alguien que se pasea por aquí.
También me ha puesto un libro de visitas. Creo que con esto se podrá enviar un e-mail a quien se apunte cada vez que haya nueva actualización. (Esto último no sé si es así, Santiago)
He incorporado un enlace nuevo a otra página web que trata sobre ensayos y que me gusta mucho leer. Tienen allí autores muy buenos. Se llama el Catobeplas. Vale la pena pinchar y leer. Teneis para varios meses.
En fin, que poco a poco, intento darle a este blog un poco más de consistencia y de continuidad.
Besos.

lunes, 20 de octubre de 2008

¡Unamos nuestros esfuerzos!


Os adjunto artículo publicado en el diario EL MUNDO sobre el sexo en la tercera edad, tal y como quedé con "anónimo" en un post anterior. Aunque se ve que presenta ciertas dificultades debido al desgaste físico lo mejor, para poder mantener un ritmo continuado o prolongado a lo largo de los próximos cincuenta años, es prevención, ánimo, información, ganas, y preparación. A ver si para la próxima encuesta superamos las estadísticas que hoy nos presentan. ¡Tenemos un reto en común! Hay que aplicarse.


Saludos
Pd.- Se agradece mucho que de vez en cuando alguien haga nuevas propuestas de temas. Animan este blog. Gracias anónimo.





MARÍA SAINZ
MADRID.- El sexo no es sólo cuestión de jóvenes. Una investigación estadounidense demuestra que, aunque el paso de los años conlleva una reducción de la actividad sexual, la mayoría opta por seguir manteniendo relaciones pasados los 70.
Ésta es una de las principales conclusiones a las que llegó un grupo de expertos de la Universidad de Chicago tras estudiar los hábitos sexuales de 3.005 adultos (1.550 mujeres y 1.455 hombres), con edades comprendidas entre los 57 y los 85 años.
Tal y como señalan estos autores en 'The New England Journal of Medicine' ('NEJM'), casi tres de cada cuatro (un 73%) adultos entre 57 y 64 años afirmaron ser activos sexualmente. Es decir, haber mantenido algún contacto sexual (sin necesidad de coito u orgasmo) durante los 12 meses anteriores a la entrevista.
Esta cifra se redujo hasta el 53% entre los participantes de 65 a 74 años y hasta un 26% entre los 75 y 85 años. Aunque este último grupo mostró una menor actividad sexual, la mitad de los que seguían manteniendo relaciones, en esta franja de edad, aseguró hacerlo con una frecuencia de dos o tres veces al mes.
Un 58% de los participantes más jóvenes (de 57 a 64 años) afirmó seguir realizando sexo oral, frente al 31% de los adultos con edades entre los 75 y lo 85 años. Al valorar la masturbación se encontró un patrón similar; mayor frecuencia en función de una menor edad.
Menor actividad sexual en las mujeres
En todas las edades analizadas las mujeres se mostraron menos activas sexualmente. Y presentaron una menor probabilidad de tener un compañero sexual o estar casadas (un 40% frente al 78% de los hombres, entre los 75 y 85 años).
Este último factor puede guardar relación, comentan los firmantes, con que los hombres suelen casarse con mujeres más jóvenes o que ellos suelen fallecer a edades más tempranas.
Además, ellas fueron más propensas a considerar que el sexo no es "importante del todo". Un 41% de las de mayor edad lo calificó de esta forma.
Problemas sexuales
La mitad de los participantes declaró sufrir algún tipo de problema sexual. Entre los hombres, los más comunes fueron la dificultad de llegar o mantener una erección (37%); la falta de interés en el sexo (28%), alcanzar el clímax muy pronto (28%) o no llegar a él (20%) y tener ansiedad durante el acto (27%).
En las mujeres, la falta de interés (43%), las dificultades para lubricar (39%), la imposibilidad de alcanzar el clímax (34%), no obtener placer (23%) y el dolor (17%) fueron los principales trastornos.
A pesar de la alta incidencia de estos trastornos, sólo un 38% de los varones y un 22% de las mujeres habían hablado de sexo con su médico en alguna ocasión desde los 50 años. En este sentido, los expertos, dirigidos por Stacy Tessler Lindau, recalcan que "los problemas sexuales pueden ser un signo de alerta o la consecuencia de enfermedades de base seria como la diabetes, una infección, problemas urogenitales o cáncer".
De hecho, las mujeres con diabetes fueron más propensas a no tener contactos sexuales. Y los hombres con este mismo trastorno presentaron más dificultades para lograr una erección.
Entre los participantes con pareja, que se mostraron sexualmente activos, la principal razón argumentada para no mantener relaciones fue la salud del hombre (un 40,3% en el caso de ellos y un 63,2% en el de ellas).
Los problemas sexuales más que ser meros achaques de la edad suelen ser consecuencia del mal estado físico del que los sufre. "Los adultos de mayor edad con problemas médicos o que estén considerando tomar un tratamiento que pueda afectar a su funcionamiento sexual deberían recibir consejo en función de su estado de salud en lugar de su edad", afirma el documento aparecido en 'NEJM'.
Tratamientos para la disfunción
El uso de pastillas (con o sin receta), dirigidas a mejorar la función sexual, estuvo presente entre un 14% de los hombres y un 1% de las mujeres. A este respecto, el autor de un comentario, aparecido en la misma publicación, recomienda que cada pareja negocie si prefiere optar estas terapias o por no mantener más relaciones.
"Los profesionales médicos deberían animar a sus pacientes de mayor edad para que se sientan cómodos a la hora de hablar sobre sus problemas sexuales y de decidir cuál de las dos opciones les encaja mejor", subraya John H. J. Bancroft, de la Universidad de Indiana (Bloomington, EEUU).
Como posible limitación del estudio, además de que los resultados se basan solamente en las respuestas aportadas por los participantes, los investigadores reconocen que no se tuvieron en cuenta los problemas sexuales de aquellos que no mantenían relaciones. Es posible que estas personas suspendieran su actividad sexual por culpa de los trastornos que padecían.
"El conocimiento por parte de los especialistas de la sexualidad en las edades más avanzadas podría mejorar la educación y los consejos a los pacientes, así como la posibilidad de identificar clínicamente el espectro de problemas sexuales relacionados con la salud, que cuentan con una gran prevalencia y pueden ser tratados", concluye el estudio.

sábado, 18 de octubre de 2008

Un poco de ánimo

Ayer disfruté mucho con una película que me apetecía ver desde hace tiempo. A pesar de la retahíla de anuncios que nos colcan en televisión, me armé de paciencia y tuve la recompensa adecuada. No es que haya de jado de ver películas, pero es que no ha habido ninguna que tuviera especial interés en destacar. Entre otras, me lo pasé bien viendo la de Mamma mía, porque uno ya tiene cierta edad y además de disfrutar recordando, volví a admirar la capacidad artística de Meryl Streep, que siempre consigue distraerme del contenido de la película para salir del cine intentando averigüar de donde sale esa fuerza camaleónica que le permite adaptarse a cualquier papel, dejando en el ovido a todos los actores que le acompañan en los repartos. Veréis que en mí, Meryl tiene un fan. Y la película pues eso, una comedia ligera, romántica, para pasar una agradable tarde de cine, aunque me dejó un poco melancólico y pensando si tiempos pasados fueron mejores.


Pero claro, llego hasta la película que hoy me interesa destacar - cada día me distraigo más - y que es el motivo de este post. Me refiero a Elsa y Fred, una película dramática hispanoargentina del director Marcos Carnevale estrenada en Noviembre de 2005. Los actores principales Manuel Alexandre - que nunca había sido santo de mi devoción - y China Zorrilla - a quien no tenía el gusto de conocer - me dejaron pegado frente al televisor. La historia de dos personas mayores, dos abuelos que reviven de nuevo el amor parecía augurar una ñoñería o un latazo. Pero el resultado final de la película es mágico, cautivador y esperanzador. Es una película de vida que anima a vivir. Hasta el final, hasta el límite.

Desde luego, animo a verla porque rejuvenece - sin operaciones quirurgicas - porque enorgullece ver que se hacen películas buenas en nuestro denostado idioma, porque la imaginación del guionista y director, animan a creer en que aún hay muchas cosas que nos pueden sorprender y porque me gusta el arte que conmueve, exalta, anima, distrae y que me reconcilia con el género humano.


Besos para todos.

domingo, 12 de octubre de 2008

"El caso de las bancas locas"


La situación económica actual me recuerda a aquella ocurrida hace unos años en Europa: el caso de las vacas locas. Se comenzó negándolo, luego se reconoció algún caso; finalmente, tras varias muertes de personas, la opinión pública obligó a los políticos a explicar lo ocurrido y a tomar determinaciones. Parece ser que se estaba alimentado a las vacas con comida basura, con comida contaminada. Algo parecido está pasando con la banca. Las hipotecas subprime, basura o contaminadas parecen ser el inicio de la situación caótica en que ahora nos encontramos.

En aquel caso fueron las autoridades sanitarias quienes no vigilaron correctamente los procesos industriales que nos llevaron al desastre. En este, las autoridades financieras han consentido que todo esto nos lleve a una posición límite. Allí, fue el Estado quien tuvo que subvencionar a los ganaderos para que mataran a las vacas. Aquí subvencionamos a los bancos para que puedan tener oxígeno.

Pero - como entonces - no sancionaremos a quienes se han comportado incorrectamente, a aquellos que han admitido como avalista de un millón de euros a una trabajadora ecuatoriana - que ya está en el deshaucio total - para que se comprara su piso y avalara tres más. No lo haremos con quienes han dado préstamos por el doble del valor con que los seguros tasaban sus pisos. Dejaremos en paz a quienes, tras hacerse multimillonarios con el dinero ganado en el último año, ahora se niegan a financiar a clientes fieles de toda la vida, guardando el dinero a la espera de que alguien les de más garantías de cobro.

Por supuesto, que si hay que ayudar, se ayuda, pero…¿dejaríais dinero a alguien a quien le habéis dado toda la confianza y la ha dilapidado llevándote al borde de la ruina? ¿No hay nadie más que pueda ponerse al frente de esta situación de crisis, que quienes nos han llevado a ella?

Nos dicen que aún hay bancos saneados, que se han preocupado mas por mantener un negocio saneado que por obtener ganancias cuantiosas. Pues bien, dígamos cuáles son, qué personas los dirigen y pongamos los dineros de ayuda en sus manos, que seguro lo harán bien. Y dejemos que los malos caigan, que sean sancionados y que todo esto sirva de ejemplo para situaciones futuras.
Eso sí, si no queda nadie bueno, “…Houston, tenemos un problema” porque:


(Ezequiel 16:49-50)

He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no tendió la mano al afligido y al mendigo. Y se llenaron de soberbia y abominaron de mi Ley.”

Y ya sabemos cómo acabó Sodoma.

sábado, 11 de octubre de 2008

Un nuevo reto

Me - bueno, nos - invitan a que realicemos un cuento fantástico, con el fin de que los miembros de Escritores en Red publiquen una antología de relatos fantásticos. Contesté que muchas gracias por considerarme un escritor fantástico, genial.


Pero resulta que no, que los tiros no iban por ahí, que tenía que escribir algo sobre el futuro, de ciencia ficción, ..y la verdad que eso me ha dejado bastante preocupado. No obstante, como soy un irresponsable, he contestado que sí, que me apunto.


Desde que sé que en enero tengo que entregar el texto, me despierto por la mañana con sudores fríos. Yo siempre he escrito sobre cosas de aquí, de hoy, de la casa de al lado como muy lejos. Y no tengo ni idéa de por dónde atacar el asunto. Así que abro la puerta para cualquier idéa que alguien me pueda aportar, sugerencias, comentarios, lo que sea. Necesito dormir en paz.




Me acuerdo de todos vosotros,




Javier


Nº 3 de la revista Tirano Banderas Digital

Ya está a vuestra disposición el nº 3 de la revista Tirano Banderas Digital http://www.erabradomin.org/rev3/abre.html con nuevas poesías, relatos y ensayos de los más diversos estilos y contenidos.
Poco a poco se va consolidando el proyecto de la Asociación de escritores en red http://www.erabradomin.org/ con el que un grupo de escritores quiere difundir su obra. Ya sé que es asunto difícil, pues la diversidad de oferta es enorme, pero bueno, cada uno de nosotros intenta aportar un pequeño grano de arena al conjunto. Y vamos funcionando bien. Conferencias, publicaciones, proyectos en conjunto, en fin , una serie de actividades que a los vagos como yo nos ayuda a no bajar la pluma y a mantener una constancia en el trabajo (me parece que estoy obsesionado con esto de la constancia, igual escribo algo sobre ello).
Así que, quien tenga un rato para disfrutar con la lectura de nuevas propuestas, que se pasee por la Revista.
Besos a todos
Javier

viernes, 10 de octubre de 2008

Crisis, ¡What crisis!


La verdad es que ando mareado con esto de la crisis. Tengo claro que la gente de a pié está asustada con la situación y que los de arriba están más que despistados. Veo que las soluciones que se plantean parten todas desde arriba hacia abajo, tratando de salvar el pellejo de los mismos que nos han metido en esto sin tener en cuenta que ellos ya tienen resuelta su vida y por tanto no tienen ni prisa ni necesidad.

Tal vez haya llegado el momento de cambiar el ángulo de visión y plantearse qué ocurriría si las soluciones trataran de mejorar la situación de los de abajo. Es casi seguro que los del más allá (aquellos que están fuera del alcance de los mortales) se sumarían a ese tipo de soluciones. Seguro. Porque en ello les va su negocio y el aumento de su patrimonio.


¿Inyectar dinero a los bancos? ¿Es la única solución? ¿Llegará esto a buen puerto? Tal vez liberar, dejar respirar un poco a los de a pié, ayudarles directamente, beneficiaría a todos, porque a fin de cuentas esto es lo que hace que el consumo aumente, que se hagan reformas, que gastemos en gasolina, que acudamos a los bares o al cine, que se creen nuevos negocios, que no se despida a la gente...


No tengo ni idéa de esto, pero de momento, los datos y la realidad nos dicen que con estas soluciones, no se mueve nada. ¡Ojala cambie!


Un saludo a todos y perdonar mi ausencia. Sé que para que esto (ahora me refiero a mi blog) tengo que darle continuidad.

Intentaré hacerlo, aunque sólo sean dos líneas.