domingo, 7 de diciembre de 2008

¡No soy celoso!



Tras el éxito de audiencia que hemos conseguido Manuel y yo mediante un par de fotos de mujeres, creo que también las lectoras/es tienen derecho a alegrarse la vista. Así que, tras mucho meditar, además de incluir unas cuantas fotos, suaves eso sí, me atrevo a dejaros un pequeño relato. Así voy cumpliendo con la promesa de cada mes un cuento.
Un beso a todas/os. A vosotros/as no, porque no entenderíais ciertas cosas. Ya lo habéis demostrado.







El coleccionista

Siempre tuve claro que mi mujer me quería. Pero su pasión por otro hombre pudo llegar a enturbiar nuestra relación. La única ventaja que yo tenía sobre el rival es que él era inalcanzable para ella, pero esto no me bastaba. Saber que en su mente anidaba un deseo y que yo no podía sustituirlo me hacía daño. Por eso, durante mucho tiempo, guardé fotos de los hombres más guapos del mundo. Cada nuevo actor, cantante, negociante u hombre público que aparecía en las revistas, pasaba a formar parte de mi colección. Mi afición al teatro y al cine disimularon los propósitos que albergaba con aquellos álbumes.
Cada cierto tiempo le enseñaba las nuevas incorporaciones pidiéndole que me diera su opinión. La persuadía para que me ayudara a hacer una clasificación por belleza. Y siempre sucedía lo mismo. Cambiaba el de la posición diez y le bajaba hasta el puesto dieciocho, subía a uno nuevo hasta el tercer lugar, pero nunca, nunca desplazaba a su ídolo, a su rey, a Paul Newman.
Y en cada nueva revisión sus ojos brillaban como quien recibe un regalo. Ver al actor provocaba en ella la sonrisa más hermosa que en ningún momento yo conseguí arrancarle. Era por tanto un nuevo fracaso en el intento de derrotar al más guapo, al único. Contrariado, recogía las fotos, esperando encontrar algún día a quien destronara a aquel invencible enemigo.
Hasta que Paul murió. Lo sentí, claro, porque tanto tiempo conviviendo con él, le había hecho muy mío, muy de mis pensamientos. Pero me quedé tranquilo. Él ya no se la podía llevar. Y aunque en el corazón de mi mujer Paul siempre viviría, por lo menos ella estaría siempre conmigo.
Abandoné la colección de fotos y empecé la de los mejores relatos. Juan José Millás me empezaba a mosquear.

2 comentarios:

Pilar dijo...

Como siempre buenisimo Javier, jejej. No sé qué de cierto tiene tu relato, pero los amores platónicos son eso.
Esto me recuerda a una conversación con mi chico sobre Miguel Bosé (que me encanta, Paul estaba muy bien, pero yo soy de otra época, jajaj), y llegamos a la conclusión de que si alguna vez tuviera oportunidad de algo con él, mi chico tendría que dejarme!! jajja. Ya ves, que tonterías!!
No he entendido la ultima parte de tu entrada, antes del relato me refiero...
Un besoo

Javier dijo...

Ojo, porque hubo una época en que a mí me llamaban Bosé (Je) Lo que pasa es que ahora él se ha hecho feo y mayor y le llaman Javier. (Ésta si que es verdad).
Pd.- Si no has entendido la entrada, puedes estar tranquila, no te afecta.
Un beso
Javier